martes, 14 de enero de 2014

Nunca será siempre.


Érase una vez dos personas muy diferentes: Nunca y Siempre.

Siempre era un joven soñador, una persona que creía que había algo más allá de lo que su vista alcanzaba ver. 
Siempre creía en las bellezas, en lo bonito, y pensaba que él mismo era el juez de su destino. Tenía una meta en la vida, y cada día se autoconvencía de que iba a llegar.
Por otro lado, Nunca era una chica desconfiada, no se fiaba ni de su sombra. Únicamente creía en lo que podía demostrar: todo lo que podía alcanzar, todo lo que podía tocar, todo lo que podía coger. 

Así, un día, Siempre se acercó a Nunca y le dijo: tengo un sueño en la vida: llegar al Sol. Nunca, sorprendida, le dijo: no vas a poder hacerlo realidad, te vas a caer, o peor aun, si llegas, te vas a quemar.

Yo supongo que Nunca quería ser la cuerda de ese globo que tenía en mente Siempre, ser parte de los pájaros que debían tirar de él.

Tras un tiempo, era tal el peso de los sueños de Siempre, y tantos los pájaros que había deseado, que, un día, todos emprendieron el vuelo a la vez en dirección al Sol, portando a Siempre en su tan ansiado globo. Y Siempre se perdió en mitad del cielo.

Hay quien dice que llegó, otros que cayó, otros que se quemó. Pero, ¿qué sucedió realmente con todo esto?
Nunca nunca lo supo, pues echó raíces en el suelo, y es que, 
                      si siempre te dices nunca, "nunca será siempre."

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