jueves, 15 de febrero de 2018

Razón implícita.


Érase una vez esta odisea
en una tarde de invierno 
de lo más normal, lo recuerdo,
cuando dejaste de ser fea
pero simpática,
que baje dios y lo vea.

Fue algo rocambolesco, lo admito,
pues de la nada 
dejaste a mi pobre mirada 
observarte, sin ningún grito,
pero qué alivio,
y qué bonito.

Diste con el botón secreto;
mi corazón, algo oxidado,
despertó de su hondo letargo 
y como si fuera un boceto,
te dibujó,
en su libreto.

Todo nos venía de cara,
y sin siquiera quererlo
nos hicimos presos,  
sin miedo a que todo avanzara...
pero siempre aparece ese algo,
como no, dando la vara.

El problema llega cuando analizas
y no llegas a ningún sitio,
esas "cosas" se van, sin decirlo.
No vuelven, te independizas;
pero recuerdas, y la piel,
irremendiablemente, se eriza.

Sabe dios que no hay persona
que te vuelva a enganchar como ella
cuando movía su melena,
y se convertía en tu ladrona,
tu compinche, 
tu leona.

Cada golpe, caída, cada revuelta
se tornaba en agradable rutina, 
dándonos la ansiada vida, 
nunca pasada de vueltas,
qué gozo, pensaba yo,
si nunca me sueltas.

Pero afrontas la realidad:
todo se acaba, y algo se enciende
vuelves a ser, vives los viernes
y disfrutas de la soledad,
incluso hasta Ella, tan bienamada,
recupera toda su fealdad.

 Al fin te sientes liberado
 se hace verano y se pone el sol
 ‎y agradeces mucho, de corazón,
 ‎por todo lo que has avanzado,
 pero eso ya es otra historia,
 ‎y esta, se ha terminado.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Melodía ¿triunfal?


Tengo una curiosidad que,
por curiosa,
no entiende de verdad,
mentira
o sobresalto:
¿es el amor, por sí mismo, un error
o algo, al contrario, necesario?

Mi duda radica sobre todo,
y sobre nada,
en cómo me siento,
despego
y vuelo:
la sensación de sentirse feliz, un avión;
es lo mejor, sin igual, no tiene rival.

¿Pero es algo del todo cierto?
es el principal problema,
y nadie entiende,
piensa
ni ayuda.
¿Merece la pena luchar, y poder, o no, ganar;
o es más cómodo huir, para evitar sufrir?

Nada sirve, ella llega sin más
y te descoloca:
te hace ser mejor,
reír,
olvidar;
es lo que tiene, la rama, que te sostiene.
Es lo de siempre, la vida, que te sorprende.

Como coger una pistola sensorial,
y suspirar,
por ti,
por ella,
por los demás.
Si intentarlo es apretar el gatillo, hazlo:
limítate a disparar, que lo que mata, es pensar.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Ser, en infinitivo.


Ver, aprender, recordar.
¿qué es si no vivir?

Tratar de discernir tras un millar de miradas quién te hace sentir que no te importa frenar.
Ni acelerar, ni repostar;
que quieres volar y no pensar,
e ir sin volver y volver a encontrar aquello que siempre has tenido ahí,
pero que antes no supieron sacar.

Sorprenderte y disfrutar,
reír sin miedo a llorar y saber que lo que quieres está tan tan cerca, 
que sólo quieres dejarlo estar.

Querer, querer más, 
perder el miedo a encallar y bajar de la nube a cualquiera que se entrometa y no quiera participar.
Sonreír y hacer que los días no sean días sin más,
cambiar de mentalidad y filosofar con locas teorías que no vayan a ningún lugar, 
mirar al espejo y ver que hay mucho por lo que luchar.

Y comer, y follar, y declarar la guerra sin entender por qué, y perdonar. 
Leer, escribir, cantar y hacer el imbécil, nada más; 
desmontar clichés y callar bocas, 
besar.

Dormir,
y dormir más, pero sin roncar.
Zzz.
Despertar y ver que tienes a dónde ir sin necesidad de andar.

Salir a correr y mirar, sentirte especial, 
delinquir y revolotear cual abeja drogada sobre los límites del cuarto que te hizo soñar. Rejuvenecer, crecer, mejorar.

Comprender tu felicidad y dar las gracias, a todos, por ayudar.

Caminar de la mano por la ciudad, 
hacer magia, y teletransportarte a donde nadie imagina que has podido llegar.
Tocarte, y tocar cada tecla del piano de tu cuerpo, sin avisar.

Perecer, no merecer nada más.

Lograr llegar a ser.
Ser hogar, y estar.

Infinitiva y definitivamente,
ser.

Ver, aprender, recordar.
¿qué es si no vivir?

jueves, 10 de agosto de 2017

Dedos de sal.


Dichosa aquella noche de verano,
pasando por la vida de puntillas
haciendo de tus ojos mi octavilla
pintando nuevos sueños con las manos.


El cielo nos vigila, tan lejano,
me quedo con el mar de tus rodillas:
sus vistas; y mi sita, tus costillas
y ese rojo que desgarra, inhumano.


El miedo de mirarte desde abajo,
la envidia de no compartir camino
motivan a este corazón cobarde.


Tu risa, tu alegría: mi trabajo,
el deseo de escribir nuestro destino
en mil idiomas, juntos, nunca es tarde.